Pérdidas inaceptables

La intuición femenina es más fuerte en la madrugada, y esta mañana me desperté pensando en un ‘ear cuff’ que se ajusta de manera perfecta en la parte superior de mi oreja. Mi madre me lo dio en mi cumpleaños 32, era un regalo de desagravio, ella muchas veces se había enojado conmigo porque yo quería ponerme un piercing en la ceja, y ella nunca me lo permitió en la adolescencia cuando de verdad lo quería.

Me toqué la oreja, y por supuesto no estaba, entonces fui al baño, al nochero, al joyero, y no lo encontré. Se me ocurrió que podría estar entre un par de páginas del libro de Doris Lessing que estaba leyendo, pero tampoco. Fui a todos los lugares posibles. Y justo cuando estaba a punto de llamar a mi mamá a decirle con llanto que lo había perdido, entró una llamada a mi teléfono.

No se puede confiar en la reserva y la confidencialidad de los sitios privados que ofrecen servicios públicos. La llamada era de un sitio a decirme, «Señora Mariana, la contactamos porque encontramos un piercing de presión para la oreja en una de nuestras habitaciones, y usted fue la última que estuvo en ese sitio».

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