Te deseo

Te deseo, sin embargo, escritas así esas dos palabras no tienen sentido. Tu estatura es la de mis manos, aunque no cabes entera en ellas, puedo abarcar tus formas derramando sobre tu piel las líneas de mis palmas abiertas. La talla de tu boca es de una precisión atómica, en ella caben mi primer beso y otros muchos que serán tatuados en la humedad de tus labios.

Te deseo, intentando decirlo de otra manera, por ejemplo, averiguando el color que cubre antes que la blusa a tu pecho, o el pantalón a tus muslos. La distancia entre esas dos telas puede ser alcanzada por una espiral de batallas secretas disputadas por mis manos y susurradas por mi boca en tu vientre.

Te deseo, en un sueño al que accedo despierto dejando escapar la luz de tu cuerpo mientras que despejo los hilos tejidos que cubren a tus brazos y tus piernas. Es una idea mínima de proporciones universales, querer que hoy te vistas en mi nombre y esta noche yo te desvista en nombre de todos mis deseos.

Te deseo en las dimensiones matemáticas que permiten conectar cóncavo y convexo, cono y cuenco. La distancia más corta entre dos puntos no es una línea y tampoco se logra al curvar el espacio, son dos besos, uno puesto en el límite inferior de tus temblores y otro en la parte alta de tus gemidos, así se llega de tu corazón a todos los espacios secretos de tu cuerpo.

Te deseo, torpe y sin guía cuando titulo como versos a los textos que te escribo, siendo que son dagas que lanzo a tus sentidos para que me abran el espacio diario y nocturno de tu cuerpo, me den la noche y la madrugada con la que tiemblas al saberte dichosa y fértil de entregarte.

Te deseo, y el eco de estas palabras cierra la separación entre mi imaginación y el borde de tus dedos con los que trazas cada día la anatomía secreta de tu cuerpo.

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