Durante cientos de años los seres humanos podían comunicarse telepáticamente entre ellos. No es un descubrimiento ya que algunos monjes en estado de meditación lo logran, sin embargo, una empresa de neuro tecnología descubrió los receptores en el cerebro que permiten recibir esas señales del pensamiento, y la frecuencia mediante la cual podían activarse. Después de múltiples pruebas en pequeños grupos de personas en distintos países consideraron que lo usarían para hacer publicidad a productos de la compañía sin pasar por el control de gobierno alguno.
Un lector de la novela «Beautiful You» de Chuck Palahniuk, se detuvo a observar las avasalladoras ventas de algunos productos que superaban todas las fronteras alcanzó a pensar que desde algún satélite alguien estaría haciendo lo mismo que el magnate digital de la historia del libro. Solo lo mencionó una noche de viernes en el bar a donde va con sus amigos, y sus amigos no pusieron atención a sus comentarios porque estaban enfocados en organizar una salida para jugar paintball en el norte de la ciudad.
Uno de los ingenieros que estuvo trabajando en la creación del sistema dejó siete mensajes ocultos en la programación de la consola central desde donde se envían los mensajes. Lo hizo antes de que lo despidieran por presentar quejas morales sobre el uso comercial del producto y su propósito de aumentar el consumismo. Según él, este podría ser un sistema para moralizar y normalizar la solidaridad y colaboración entre los seres humanos, deseo que iba en contra del propósito de los empresarios dueños del producto.
Los siete mensajes escritos desde la compilación inicial del software quedaron «hardcodeados» sin ser notados en las distintas pruebas de calidad que se hicieron previo a la puesta en producción de cada una de las versiones hasta que en el producto final quedaron com parte del ADN del sistema. El sistema enviaba el mensaje en la frecuencia adecuada y cada persona, los más de siete mil millones de habitantes de la tierra lo percibían como una voz que les hablaba desde adentro en su propio idioma, con una voz que se le parecía a la propia.
El primer mensaje que dejó el ingeniero se repitió durante veintiún días. «Ámense los unos a los otros». Él estuvo escuchando las noticias para determinar el impacto en las personas, lo único que pareció ser consecuencia de su esfuerzo fue una señora que fue considerada en condición de locura por salir a la calle repitiendo esa oración y pidiendo a sus vecinos mucho amor entre ellos.
El segundo mensaje decía, «Seamos solidarios los unos con los otros». Solo encontró en la radio a un político que utilizaba la frase como su propaganda para su candidatura a una alcaldía en una pequeña ciudad de un país latinoamericano. El tercero repetía cada uno de los veintiún días, «Los seres humanos somos colaborativos». Él había elegido 21 días porque en alguna parte había leído que son el número de días para adquirir un hábito, además de que son los mismos del período de incubación del huevo de gallina, y si una gallina solo se sienta sobre él para que nazca el pollo, eso mismo pasaría con la mente de los humanos, solo necesitarían de esos pocos días para empollar un nuevo comportamiento.
El cuarto mensaje y el quinto reforzaban la idea. «Sé amable con quienes te rodean», «Vive en armonía, dale a todos paz». Con ese quinteto de ideas sobre la paz y el amor, la solidaridad y la colaboración, consideraba que podía probar que con esos 5 mensajes el mundo había cambiado. Había tomado mediciones de la cantidad de incidentes belicosos que ocurrían en el mundo, y según su estadística, el mundo era un mejor lugar, un lugar más pacífico. Las noticias sobre hechos malos habían disminuido.
El sexto mensaje era una prueba, una especie de chiste y de prueba para confirmar que las personas habían cambiado. Este y el siguiente solo estarían un día, y se separarían el uno del otro por cinco días. Se escuchó un lunes, los más de siete mil millones de habitantes de la tierra sintieron a su propia voz diciendo, «si no lo matas, te mata primero». Media hora después de las diez de la mañana del lunes, en horario de Londres, las noticias en televisión, internet, radio era el aumento inesperado de los asesinatos en las ciudades, los accidentes en las calles, las peleas en los barrios.
En cada ciudad las autoridades locales informaban sobre la incapacidad para detener los enfrentamientos en las vías públicas y las múltiples llamadas desde los hogares informando de incidentes. Millones de muertes en el mundo durante la primera hora, y según las autoridades en cada país no podían controlar a los violentos. En muchas ciudades activaron leyes para impedir que las personas salieran a las calles. El programa activaría el envío del séptimo mensaje con el título de una canción.
El programador se situó en la entrada del edificio de la empresa para la cual trabajaba. Nadie le abrió. Habían declarado vacaciones colectivas para prevenir la ocurrencia de actos violentos en sus instalaciones. Unos robots programados con algoritmos para evitar el ingreso de cualquier persona le impidieron el acceso. Aunque llamó a sus compañeros de trabajo y a sus jefes, nadie respondió a sus llamadas y, como el sospechó, nadie escuchó los mensajes de voz que dejó a cada uno de ellos.
El último mensaje, como estaba programado, repetía el título del álbum con el que el grupo de trash metal, Metallica, debutaba en el mundo musical el 25 de julio de 1983, «kill ‘em all».
Oscar Vargas Duarte