Llamadas previas

No sé a quién llamó, lo hizo cuando fue al baño, le habló en voz baja, tampoco imagino lo que le dijo, volvió a la habitación, se sentó en la cama, la abracé como si quisiera medirle con las manos la espalda, varias palmas para alcanzar desde el cuello hasta la cintura. Me dijo que la cintura era un lugar indeterminado arriba o abajo del ombligo, una neurona reaccionó ante la palabra y la instrucción que recibieron la mano derecha fue pasar hasta su ombligo y tocarlo con toda la intención de encontrar allí un lugar apropiado para las caricias.  Un cambio de posición en mi cuerpo dio oportunidad a mi boca para besarle el espacio determinado en donde de manera indefinida se encuentra su cintura, besé el ombligo y dejé las huellas de la lengua húmeda. Solté el botón del pantalón, di descanso a la cremallera, así apareció el rosado de su ropa interior.

Afuera la temperatura era de trece grados centígrados. La ebullición del agua se produce a 100 grados centígrados, para la evaporación es necesario adquirir suficiente energía para vencer la tensión superficial.  Sus manos me contuvieron un poco, luego como el agua antes de evaporarse, las caricias en el vientre la conmovieron y la energía fue suficiente para eliminar la tensión en sus manos que no soltaban a las mías. En las líneas de las manos no está escrito el destino del hombre, ha sido una mentira histórica el uso de la quiromancia, la palma de la mano es un lienzo en donde se encuentran las instrucciones para desnudar a una mujer, las manos se leen a sí mismas para ir hacia arriba y hacia abajo, a los cuatro puntos cardinales.  La blusa se infló con mi cabeza bajo ella, las manos hurgaron suficiente para que pudiera llegar hasta su pecho sin quitarle la prenda.

Hacía apenas unos meses que intentaba quitarle la ropa, hacía largos meses insistía en que se quedara en mi casa, esta noche fue, después de ir y venir, de estar y silenciarnos, de ausentarnos y llenarnos de palabras.  Hay sujetadores con el cierre en la parte de atrás y otros con el cierre en la parte de adelante, sin pensarlo y menos decirlo, la sonrisa en mi rostro fue porque en este se encontraba en la parte de adelante y cedió sin resistencia alguna.  —si me muerdes los pezones te muerdo la boca hasta que sangres—  Esa noche el único mordisco lo hice en una de sus piernas, no hubo amenaza ni reproche, solo un pequeño grito y luego una mirada de cómplice aventura.  En su espalda varios lunares fueron parte del juego geográfico con el cual la llené de mapas que eran recorridos con los dedos y la lengua.  En las piernas cicatrices antiguas, de caídas, de encuentros casuales entre su piel y la tierra, entre su piel y el asfalto.

—Dime que me amas, aunque sea mentira, y ojalá que lo sea— Le dije eso y otras cosas más, los caminos en el cuello conducen todos al lóbulo de las orejas, el espacio detrás de ellas es un conductor de temblores, de giros rápidos, de buscarle la boca y besarla mientras las manos ya conocen otras partes del cuerpo con mayor afición.  Cabemos exactos cuando el deseo nos conviene, en eso pensaba cuando sus piernas y las mías, cuando mi deseo era sujetado por el de ella, cuando era urgente la algarabía, la del pequeño grito, la del gemido sin contención.  Hacer el amor es resolver una ecuación en la que una variable debe ser igual a la otra, cuando solo se trata de sexo, no importa la manera como la ecuación queda resuelta.

A las cinco de la mañana se quejó del sonido del despertador, del suyo programado en su celular, del mío que hizo un ruido similar unos minutos después.  Se apresuró a apagarlo, repetí ese afán con el mío.  Unos minutos después fue hasta la ducha y volvió desnuda y fría, se metió a la cama y me pidió traer su bolso que había quedado en la sala, de allí extrajo la ropa para el día.  Volvió al baño para usar el espejo y darle forma a su cabello, volvió a usar su teléfono para llamar, no sé a quién llamó, le habló en voz baja, tampoco imagino lo que le dijo, volvió a la habitación, se sentó en la cama

No sé a quién llamó, lo hizo cuando fue al baño, le habló en voz baja, tampoco imagino lo que le dijo, volvió a la habitación, se sentó en la cama, la abracé como si quisiera medirle con las manos la espalda.

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