Meditación plegada

Hay un hostal para perros, un veterinario que los cuida, canes que ladran tristes ante la puerta del lugar, un vecino eleva la voz de su reproductor de sonido y escucha la quinta sinfonía de Mahler, una mujer haciendo mercado en la esquina y dos vecinas consintiendo a sus gatos. A las tres de la tarde, ayer, comieron helado en el centro comercial, hoy, los mismos niños quieren repetir y cambiar de sabores, un libro recién comprado escapa a las gotas de café de una taza mal puesta en la mesa, un muchacho se enamora, no es correspondido, esto pasa muchas veces al mismo tiempo en diferentes lugares, en el cinema antes de apagar la luz piden silenciar los celulares, dos que se encontraron, después de pedir el café y sentarse a la mesa, han empezado a charlar desde la pantalla de sus móviles con amigos que no están presentes, en la calle un auto frena, en la esquina un auto gira, en el giro acelera, el conductor se mira en el espejo, a una niña su padres la autorizan para ir esta noche a quedarse en casa de su mejor amiga, tres bicicletas caen sin cuidado alguno sobre la tierra en el parque y los niños que las conducían se lanzan en carrera hacia el lugar en donde unos perros se persiguen. Una pareja se besa, él piensa en sexo, ella en una tarea de la universidad, él cree en el amor eterno, ella en la fugacidad del instante, un semáforo se ha quedado en amarillo titilante y la congestión amenaza con atrapar a todos los autos en el cruce de las calles, desde la ventana un hombre observa a los que caminan frente a su casa, a cada uno le enumera el número de prendas y los colores, un anciano duerme en el sofá con la boca abierta, en una cocina alguien dejó preparando huevos revueltos, los olvidó y ahora un olor a aluminio quemado se siente en todo el apartamento, en la estética no hay turnos disponibles y varias personas bostezan mientras esperan ser atendidos. Yo medito mediante el ejercicio de hacer pliegues en papel y con ello dar forma a figuras siguiendo las instrucciones del libro de origami, una mujer que está a varios kilómetros de mi casa, se sabe mi nombre y algunas cosas de las que hemos conversado, intuye que la estoy nombrando y sonríe como si me estuviera saludando, mis ejercicios de meditación continúan al tiempo que el móvil interrumpe con un mensaje.

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