Esta mañana llovía desde antes de las tres de la mañana. Yo estaba despierto, María dormía a mi lado, apenas si me moví para no despertarla, a las cinco me levanté, hice lo acostumbrado hasta que estuve con el traje oscuro de los lunes para ir a la oficina. Pasé a la cocina, preparé un café, me lo tomé mientras veía por la ventana como el agua continuaba cayendo. Sin mucho ánimo salí con el paraguas a la puerta, me quedé de pie viendo la calle lavada en agua, la lluvia insistiendo sobre el asfalto. Cuando iba a dar el primer paso salió María, traía la cobija sobre su cuerpo, la tiró sobre mí, me tomó de la mano, me devolvió a la cama y desde entonces aún estoy dormido. Este que ves en la oficina es un sueño que estoy teniendo en mi casa.