Memorias

La luz aparece en la pantalla del celular, la desbloqueas, das inicio a la rutina para leer el mensaje, lo recorres una y otra vez hasta creer aprenderlo de memoria, te fugas un rato a tus juegos mentales, «todo lo aprendes de memoria y la memoria tuya no es de confianza, unas veces porque olvida y otras porque tiene su propia versión de la historia.  Si debo justificar cada perdida de memoria entonces debo tener una memoria más grande para recordar cada justificación».

De vuelta a la pantalla y al mensaje, quizá lo has dicho en voz baja y no lo notaste, “puede la noche abarcar toda oscuridad, el día cruzar sus de doce horas de luz, puede el mar continuar con su péndulo de olas y exhalar constante su aroma de sal, pero no suman en sus horas y movimientos un número igual a los pensamientos que tengo por ti”. 

Aprecias el mensaje, le pones como sello una sonrisa, tus dudas descomponen el propósito y el sentido del mismo «¿amarme, desearme, consentirme? Quizá ninguno, solo hábitos, mandar versos por enviar».  No das una respuesta porque también el espejo tuvo días y mareas, noches y luces, pero duerme inmóvil y vacío en la pared.

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