Vestidos para el espejo

El almacén ofrece lo que alguien en otro lugar supuso seria atractivo para los clientes, y tú estás ahí esa tarde escoges para ti varias prendas, vas de color en color, por formas y entre formas, miras las tallas y recurres a unas medidas de ti que solo tienes tú, comparas y te haces una idea de tu cuerpo cubierto de tela, usas más del tiempo que supone la vendedora, vuelves a repasar hasta que decides ir a los vestidores para verte con una yotra prenda, te repites, haces insinuaciones de tus formas, para ti sola ante el espejo, con un poco de suerte escogerás y saldrás con ropa para estrenar, para vestir en un día pronto. Eso mismo puede ocurrir contigo cuando vas por zapatos, sandalias o botas, cuando es ropa de fuera o de dentro, perfumes o colores para tu boca, cuando quieres comprar para ti unas joyas o una cartera.  Esta mañana, cuando tomaste del armario una prenda nueva, escogiste una combinación perfecta, ropa de dentro, una cartera, unos zapatos, color en la boca, perfume y algún detalle especial que solo tú reconoces, luego, ya plenamente conciente de tu belleza y de las prendas que usas te plantas ante el espejo para alegrarte de ti, aunque una línea de furia surge espontánea en tus pensamientos cuando crees que el espejo es muy frío para compartir tu imagen, entonces piensas que como tantas veces tu pareja no entiende ni nota tu sonrisa entera ni tu alegría cuando estrenas para elevar tu esbeltez en el día.

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