Decisiones

Da pasos sin mudez alguna, quiere ser notada, el piso de la cafetería recibe un azote innecesario, ya la vimos, no hacía falta ruido para verla, ahora indagamos desde la acostumbrada mirada machista su cuerpo, oteamos buscando lo que protege su ropa, descomponemos sin certeza alguna una moral que no conocemos, se ha hecho notar, no para nosotros, es la esposa del hombre tras el mostrador, él la mira, están enojados, lo supimos al llegar y pedir el café, él le hablaba por teléfono, le reclamaba bondad, no era entendible su súplica, había estado en un burdel, se había metido con una de las mujeres del lugar, la había llevado a un motel, del motel salió sin el dinero para pagar el alquiler, además, perdió en la salida la argolla de matrimonio.

Dejamos de verla, volteamos a ver al hombre, no le hacemos cara de buenos amigos, él no debe entenderlo, su preocupación no le debe dar espacio para darse cuenta que mientras él hablaba escuchamos todo, supimos de ella, de su compañera de vida, de su lugar de trabajo, incluso del color de la ropa con la cual salió vestida esta mañana, fue fácil, le decía algo sobre lo linda que se veía con esos colores, claro ahora nosotros pensamos lo mismo, la mujer es muy bella, y este tipo se la juega con otras, así es la vida, y en esta mirada machista desde la cual hablamos mis amigos y yo solo puede terminar en apuntes fuera de tono.

El café llega, reclamamos porque está frío, la limonada está ácida, las galletas no están frescas, así recibimos al hombre de la cafetería cuando trajo el pedido a la mesa, claro, es mentira, solo queremos fastidiarlo, sumarle a su angustia una más, todo de vuelta al mostrador, y una vuelta más a las mesas, no devolvemos nada, no tenemos mucho tiempo, conversamos sobre el clima, hace frío, es raro, afuera el sol abarca todos los lugares, acá empezó de pronto un intenso frío.  Un golpe nos desconcentra de la conversación en la mesa, algo se cayó detrás del mostrador, no vemos al hombre, no entendemos el origen del sonido.  El reloj pone sus símbolos sobre el cristal, es la hora que es según entendemos, no vienen a cobrar a la mesa, debemos ir a la caja, cada uno paga, nos acercamos, nadie aparece, el hombre no está, lo buscamos mirando en el local, tocamos la madera, llamamos, no hay rastro, entramos al espacio que usan de bodega, revisamos los espacios en donde suele estar, no hay rastro.

Dejamos una nota, pagaremos al final del día, incluimos la lista de lo que pedimos.  Caminamos a la salida, el frío se siente con mayor intensidad al pasar junto al cuarto del sanitario, el que usamos los clientes, está cerrado, no está la luz encendida, debe estar solo.  Hablamos de trabajo, la conversación infinita de los empleados, salimos, la mujer viene corriendo, trae un celular en la mano, corre, yo digo en voz baja, corre, corre, corre, la mujer llega hasta donde estamos, viene llorando, viene gritando, “este idiota se colgó”.

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