Tomas fotografías de tu cuerpo, no más de dos centímetros cuadrados en cada una, las envías a mi correo sin indicarme a cuál lugar corresponde, una nota al final del correo, no te aproximes tanto a los detalles, así no podrás verme entera. Tomas fotografías de los lugares en donde de has estado, una silla en la que estuviste sentada, una mesa sobre la cual pusiste tus platos, una pantalla del cinema al que fuiste a ver una película, el auto que te trasladó a tu lugar de descanso, luego las envías por correo con una nota al comienzo que dice, no se trata de saber en dónde estoy, en dónde estuve, se trata de luego conmigo reconocer que eso es parte de mi existencia. Tomas fotografías de tus amigos y personas cercanas, igual enviadas con una nota, en esta se lee, no soy ellos, quizá no nos parecemos, pero algo con ellos me conecta y da respuesta o amplía mis preguntas fundamentales. Cada cierto tiempo envías una foto completamente blanca y otra completamente oscura, en ellas la nota es recurrente, debes entender que a veces quiero tu luz y otras quiero tus sombras. Tomas fotografías a mi rostro, a mis manos, a mi cuerpo, y con el mismo hábito de las notas pones, no es como yo te veo, es como tú eres, no es como tú eres, es como yo te siento, y el movimiento entre esas ideas debe mantenerse sin ocasionar nuestro desprendimiento.
