besos viejos

Lo besaste, y su beso traía toda la vejez acumulada en su soledad diurna.
Abriste tus brazos para cubrirlo y sentiste la madera astillada de sus árboles rodando por ríos de fango.
La tuya mano y la suya se juntaron, y un hielo metálico se apoderó del frío, te helabas entre sus dedos.
Sus ojos delataron búsquedas en tu ropa, te percibiste desnuda ante sus ojos, demasiado atento a tus formas, demasiado volcánico entre sus párpados.
Horas sin aroma perforaron tus pulmones, respirar por hacerlo, oler sin aroma.
Te asombraste ante la costumbre y seguiste por entre los espejos donde solo tu sombra se refleja.

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