Llueve

Llueve.

La tarde descubrió el gris matinal de sus inviernos, se afanó por complacer la vista observando sus nubes en espejos asfaltados. La ciudad comenzó a tragarse el mugre de sus calles por entre las alcantarillas, se dejó llevar por el hastío y y pronto se olvidó de vías rápidas. Los autos se acomodaron sin otro afán que el de soportar la espera.

Yo salí de la oficina, el paraguas aprecia m…i olvido y se mantiene seco y durmiendo en mi casa. La chaqueta absorbió las gotas con la misma prisa que los zapatos sintieron humedad por dentro. Una, otra, varias calles recorridas, quizá un poco de jabón y los zapatos servirían de lavadora.

Hay un bar en una esquina, a nadie le importará el lugar exacto de este bar, apenas están abriendo, unas pocas mesas están disponibles para los clientes, me siento en la primera, cerca de la puerta, pido una cerveza nacional, está fría, dos tragos, tres y rápidamente termino la botella. El hombre que atiende llama a alguien, le responden, yo conozco esa voz, le dice que tarda en bajar, se está vistiendo.

Hace cuatro días estuve en este mismo bar, apenas tengo unas imágenes acerca de cómo salí, de la hora y el modo en que llegué a la casa. Al otro día estaba durmiendo a mi lado una mujer que me decía, se me hace tarde, se levantó de mi cama, se vistió, me dijo, debes tirar esos condones, yo apenas si le vi la cara.

La mujer baja, me sonríe, se acerca con la intención de limpiar la mesa, en voz baja, es mi esposo, se prudente, la miro, se retira. El hombre se aproxima al mismo tiempo que la mujer se pierde en algún lugar atrás del bar, es amable, me habla del lugar, de las personas que son clientes habituales. Vuelve la mujer, el hombre sigue hablando, sin que pareciera ser intencional le dice a la mujer que ella debe ir a comprar alguna cosa a un supermercado que está a cuatro calles, parece que es habitual la compra, la mujer me guiña el ojo, el hombre se aleja de la mesa, ella me hace una señal de que tenemos un secreto.

La mujer no está, el hombre se acerca, pone en la mesa otra cerveza, va hasta la puerta, parece asegurarse de algo, vuelve, yo me siento inseguro en el lugar, me dice, si te la tiraste con condón sos un hijo de puta, tenés que embarazarla o te mato. Lo miro sorprendido, no comprendo, me levanto de la silla, el hombre me empuja, tiene un arma en la mano, se sienta. Soy estéril, quiero hijos, ella no lo sabe, y tù te la vas a tirar hasta embarazarla, no se lo contarás.

La mujer vuelve, tengo un golpe que me duele en la espalda. Esta noche estaré con ella.

Oscar Vargas Duarte

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