Tarde de granizo

Empezó a llover cuando Yo aún estaba durmiendo, el golpeteo del agua sobre la ventana me despertó.  Me levanté, estuve viendo unos minutos desde la ventana como el agua acudía a congregarse en la orilla de la calle, formaba pequeños ríos, me acordé de los barquitos de papel que hacía cuando era pequeño, de como salía corriendo bajo la lluvia con los vecinos de la misma edad, me acordé de muchas cosas, busqué la ropa, me vestí, bajé en el ascensor los doce pisos, había empezado a caer granizo y se acumulabo en el patio interior del conjunto. Estuve unos minutos sintiendo el aire frío en la cara, obsevando que la lluvia cambiaba de ritmo, unos instantes eran gotas como balas y otros pequeñas gotas como lágrimas.

 

Corrí por el interior del apartamento, al llegar a la portería ya el agua había hecho lo suyo con la parte inferior del pantalón y con los zapatos, me había cubierto la cabeza con la capucha de la chaqueta, la espalda de la chaqueta estaba mojada y la capucha también.  Salí caminando por la calle, a media cuadra la ropa estaba empapada, me quité la capucha, la cabeza se resintió por el granizo, abrí los brazos como alas, y me caminé hasta el parque.  El verde del parque compartía ahora espacio con grandes zonas blancas, estuve dando patadas al granizo en el piso, tomé granizo en la mano y fui tratando de darle forma, las manos se dolían por el frío, seguí caminando, me alejé del parque, por el camino recogía hielo, poco a poco iba formando una figura, que a veces creía iba a ser una animal, pero yo sabía que solo terminaría siendo una esfera como las que hacía de niño e imaginaba que era la bola mágica de un mago.

 

La lluvia aumentó la intensidad, me coloqué la capucha, cerré la cremallera de la chaqueta, me quedé en la esquina de la calle unos momentos, me fijé en el auto que estaba en frente de la casa de María, Yo sabía que lo encontraría ahí, me acerqué a tres metros, tomé la bola de hielo y la lancé con fuerza.  La alarma del auto de Juan sonó casi en el mismo segundo en que la bola rompía el vidrio de atrás del auto.  Salí corriendo, el frío que había sentido antes desapareció rápidamente, cuando llegué al apartamento, aunque estaba absolutamente lavado en agua también estaba sudando.

 

Oscar Vargas Duarte

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