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Estábamos los dos amigos, los mejores. El hombre que estaba en la barra se acercó a nosotros, nos invitó una botella de whisky, solo pedía ser escuchado, nos pareció atractiva la idea, prestamos oído atento.
– Quien de ustedes quiere ver el futuro?
Los dos respondimos afirmativamente. Cuando pidió como compensación el alma, Juan que practicaba el ateísmo, respondió, venga, yo le apuesto.
Durante tres minutos estuve esperando a que Juan apareciera. Después de haber aceptado desapareció de mi vista. Cosas de borrachos dije yo. En el minuto cuatro, el hombre me ofreció un revolver que sacó del bolsillo. Le dije que no quería armas ni trucos.
– Te hará falta.
Lo dejó sobre la mesa. Juan volvió en el minuto cinco. Tomó el arma y me disparó.
Juan, viendo mi cadáver dijo. – Ibas a tirarte a mi esposa en septiembre, dentro de ocho años.
Oscar Vargas Duarte