mis deseos. Ahora, habitualmente me comprometo a hacerlo con las mujeres que se atreven a mi cama.
A María le gusta Helena, no creo que ella se sienta descubierta, la mira de tal modo que a mí, y hablo de mí en particular, me dan celos, por las dos, Helena es una mujer hermosa con quien me gustaría salir a caminar, dar una vuelta por un parque, bueno, ni sigo diciendo cosas si la verdad es que al final diré que me encantaría estar con ella en la cama y comprender que esa manera que tiene ella de humedecer sus labios con la lengua, podría repetirse con alguna parte de mi cuerpo.
YO SOY EL DE LA IZQUIERDA, EL QUE TOCA LA ARMÓNICA, llevo una camisa blanca, unos pantalones azules, zapatos negros, ahora no llevo corbata. A la oficina debo llevar corbata todos los días, alguien debe suponer que el saco y la corbata me dan algún tipo de sobriedad relacionada con la importancia, de tal modo que al estar vestido de ese modo mis palabras cobran importancia y se visten de autoridad suprema. Salí de la oficina apenas con el tiempo justo para ir a la casa, cambiarme de ropa, buscar la armónica, tomar algunos elementos necesarios y luego buscar un taxi para ir rumbo al lugar de encuentro con los otros músicos.
María no termina de convencerse de su gusto por las mujeres, yo la veo confundida, se retrae entre los hombres o se anima de tal modo que parece estar buscando pareja, eso sí, apenas alguno se le acerca, cosa que ocurre muy pocas veces, huye rápidamente hacia el lugar más inexpugnable de su ser, es entonces cuando se comporta como una hormiga, se mete dentro de sí, en lugares irreconocibles, se oculta incluso de su propio deseo. Hay un chiste en mi país que habla sobre lo parecido de algunas mujeres con las hormigas, que si les tapan el hueco se vuelven locas, con ella no pasa eso.
En el taxi pude tomarme un par de cervezas, bueno un par de cervezas repetidas que luego sumaron otras y al final, ocho cervezas fueron suficientes para no pensar en el tiempo transcurrido mientras el taxi lamía el asfalto con el caucho de sus llantas.
YO SOY EL DE LA IZQUIERDA, EL QUE TOCA LA ARMÓNICA, y si te fijas con detenimiento, hay un pañuelo atado en mi mano derecha, ese pañuelo es con el que limpió el sudor de la novia con la que llevo una relación de varios meses, con ese mismo pañuelo es fácil imaginar que también limpio algunos lugares, esos mismos lugares de su cuerpo en donde toco con la armónica, es por eso que tal vez María se me acerca y olfatea de manera sospecha, a ella también le gusta mi novia.
Oscar Vargas Duarte