No es tu voz, no es la mía, son otros los que gritan. Apenas les reconozco el olvido hilándose por entre sus frases. Escúchalos, en sus gritos puedes sentir que no recuerdan el llanto, las palabras aprendidas, por eso su grito es sordo, es un canto innecesario que solo surge para quemar arenas. Escúchalos, la protesta los aglutina en almidones y sales, uno y otro se confunden entre ellos, sus zapatos se tragan la tierra, les es imposible detenerse a ver el asfalto.
No es tu voz, no es la mía. Son otros los que gritan, se les escuchan incluso cantos antiguos, la rabia materna, la furia salvaje poseída por un amor que abandonar en un puerto. Estos gritos de protesta traen consigo las mismas voces de los que acuchillaron dictadores, reyes, feudales e insensatos gobernantes. Escucha esas voces, es la voz del profeta que dice, Viva la anarquía.
Oscar Vargas Duarte