Y se fundieron en el negro de la tinta sin que ella lo supiera.

Y se fundieron en el negro de la tinta sin que ella lo supiera. Para él, ella no era una sueño, era una invención traducida ahora en realidades patógenas.  Para ella, él había sido un sueño, y como todo sueño empieza con una ingravidez sensible, todo sueño termina con el aroma de una flor que en una bolsa es reclamada por el vacío.

Oscar Vargas Duarte.

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