Tu falta de prudencia

Sería prudente que cambies las sábanas de tu cama, mañana dormiré contigo y no querrás que sea evidente ver que has estado escribiendo, con tu labial, mi nombre sobre ella.

Sería prudente que cuando pases por tu cabello la mano untada de tu deseo por mí te des cuenta que dejas colgando ahí la mirada temerosa con la cual delatas tus conjunciones de mí.

Sería prudente que el libidoso acento que te persigue en la ducha al recordar una de mis frases lo dejaras en la mesita junto a tu cama, es imposible contenerse y seguirlo cuando lo usas para pedir una porción más de postre.

Oscar Vargas Duarte

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