La S

Él se despierta antes de las dos de la mañana, recuerda con exactitud la imagen de su mano dando un giro a la llave para abrir la puerta. La llave cuelga de un adorno que simboliza la letra S.  Ahora nota que esa no es la letra como inicia su nombre, ni el de las mujeres que ama o que recuerda lo han amado. Extraño que su llavero, al que jamás ha cuestionado lleve esa letra.

Las dudas lo superan, no puede volver a conciliar el sueño, se pregunta en porque lleva ese llavero, la curiosidad lo hace levantarse de la cama, busca en la mesa junto a su cama las llaves, ahí está la S, silenciosa y sin sentido según lo piensa en ese momento.  Ahora las dudas lo llevan más atrás, devuelve sus pasos, eso trata pero no puede desenvolver sus dudas. No recuerda más atrás de unos meses, todo es oscuridad cierta.   Apenas reconoce los lugares en los que mantiene oblicuas oportunidades y verticales cansancios, así es, todos los lugares lo cubren con el sombrero de rutinas prontas. Acaba de no reconocerse, de saber que está perdido en la tibieza en la que vive.  Vuelve a la imagen del llavero, recuerda la imagen de todos los días, su mano, la llave entre los dedos y el llavero con la incógnita S.

Buscó el sueño, y mientras lo encontraba pensó en que la S es la primera letra de Sufrimiento, y seguramente con esa letra se abre el lugar en el que dentro de sí la duda es la única certeza.

Oscar Vargas Duarte

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