Heridas de muerte

Ella le sugirió al médico cirujano que utilizara algún tipo de soldadura para cerrar su herida, no consideraba que haberla cosido con hilo hubiese sido suficiente.  El médico sonrió comprensivo y con la voz educada por tantas inoportunas preguntas le dio un mensaje de tranquilidad.  En la casa, cuando la mujer volvió a estar sola en su cuarto, volvió a verse la herida por donde habían hecho la  cirugía.  Aunque no podía ver que salieran fluídos por la misma sentía un cosquilleo como el que se produce en la boca cuando se habla en susurros.  En las horas más silenciosas de la noche había estado escuchando voces olvidadas, propias y ajenas, palabras que había expuesto o escuchado en algún tiempo perdido. Al concentrarse para seguir las voces siempre llegaba a la conclusión de que se estaban saliendo por su herida, con la sensación de que cada sonido y cada voz que salieran eran olvidadas.

Oscar Vargas Duarte

Deja un comentario