La lámpara viaja, mejor, la luz de la lámpara izada en la esquina alcanza sus cuerpos y los extiende cual lánguidos camellos, valga la acotación para el nocturno romántico que recuerdo ahora, el de los camellos, decía que la luz permite crecer sus cuerpos sobre el suelo, una aproximación a la delgadez del pensamiento, hechos de materia corporal, solemos ser más extensos en nuestra aproximación abstracta que se refleja en las consideraciones verbales que expresamos. Todos sabemos que la inteligencia que no se expresa no existe, igual creemos, bueno yo, que solo existe la luz cuando de ella emerge la sombra, en las otras ocasiones es solo ceguera, y no estamos hablando de eso en estos momentos.
La última noche se convenció de la bebida, sería más fácil soportar la angustia de saber de aquel glande torturándole los internos mientras el bufón se cree piel y magia, algún día va a entender que no es cierta la relación del gemido con el placer sentido por la víctima, claro, es una víctima de cada encabronamiento, perdón por la palabra anterior y la siguiente, que este imbécil siente. Hagamos una defensa corta del hombre, que no solo es culpable, se supone la ama y suele comportarse como si ella fuese la única a quien le puede endilgar el sentimiento cuya definición se encuentra bajo la A en el diccionario, sí, no es Afecto, al amor me estoy refiriendo. Tonterías, amor y afecto son el uno una copia mal hecha del otro, pero eso es parte de otra historia y no la estamos contando ahora.
Le duele, a punto de lágrima y sin embargo, cada beso y el delineamiento de toda caricia que se refleja en su cuerpo por las manos y la boca de este hombre son un atardecer de gozos, de aquellos que ya son por si solos una excitación sin límite, bueno, perdón por lo último pero es que se me seca la palabra y entonces tengo que utilizar el primer recurso literario al que tengo alcance, además ustedes que leen la historia, igual yo lo estoy haciendo, decía que ustedes que leen la historia no saben que los debo seguir a distancia, figúrense un espía de pelicula de cine, oculto bajo la paciencia de los que no saben pero esperan.
La besará en el instante mismo en el cual ella acerque su rostro para decirle que es tarde y debe volver a su casa, luego le saciará angustias sobre los senos mientras le muerde la lengua, después, dejará que la ropa caiga o se acumule de tal manera que todo sea posible en la forma más fácil, el acceso a sus senos, siempre gustosos del tacto, al ombligo, debería escribirse ombligo con h, es tan mudo, tan transparente, dispuesto en la mitad de la nada a llevar al todo de la fascinación, hey, también tengo derecho a escribir abusos de principiante, que estoy escribiendo este texto sobre la marcha.
El no tendrá otra ruta que la de encontrar sus sales, eso sí, primero los dedos que para ella no son un dolor, aunque de tanto temor algunas veces los presiente como parte de una tortura, ella se muerde la lengua, los labios, y entiéndase que no es porque el hombre sepa acariciar su clítoris o encontrar en su espalda el lugar en donde todas las lluvias se inician, nada lectores, este hombre es la especie que se encuentra en cada esquina, solo sabe del calentamiento inicial, ya luego parece empujando un carro sin gasolina. Perdón, el objetivo es hablar de ella, o mejor de este instante en el que ella lo invita a sentarse sobre el puente en donde él le promete placeres a partir del sexo y ella dentro de poco lo empujará hacia el río para dejar atrás la tentación de una lengua en sus pezones, y evitarse el dolor de una penetración que le tortura la delgadez de sus ocultos.