El sillón en el que te sientas todos los días tiene vida en las noches que te ausentas. Desde ahí observas el mar que dibujó un pintor callejero sobre el cuadro que adorna una de las paredes de tu sala, también miras inquisidora las esquinas, entre las paredes, buscas hormigas; empezaste esta búsqueda a partir del día aquél en que dejaste caer azucar y ellas aparecieron sin anunciarse. El sillón
cuando tú no estás se mueve, delira por ser tú, y recorre cada espacio en el que te ha visto permanecer.
Oscar Vargas