El afán la consume, enumera cada paso y no sabe de qué cuenta descontarlo,

El afán la consume, enumera cada paso y no sabe de qué cuenta descontarlo, va más a prisa y mira ansiosa hacia adelante.  Ha querido medir el destino que le corresponde desde su adolescencia, por eso, cuando su novio, mayor que ella, le taladraba la vagina ella solo pensaba en cuántos y cuándo sería el último hombre que la mordería con deseo.
 
Maquilla sus ojos y sonríe frente al espejo mientras descubre que la crema dental se acabará pronto, mientras el color de los labios cambia, piensa en la cola que deberá hacer para pagar en el supermercado, es día de pago, muchos harán mercado.  Mueve su cabello, transforma su sonrisa en un gesto de preocupación, piensa en el frío, las luces de los carros, se da un espacio para recordar, el recibo de la energía ya lo canceló, llegó por un valor mayor al del mes anterior, lo mejor será tener sexo con la luz apagada.
En el ascensor observa los zapatos de la mujer que va a su lado, le gustan, le parecen elegantes, quiere unos como esos, hay mucha gente para preguntarle a la mujer por el valor, quiere esos zapatos, se da tiempo para saber en qué piso se queda la mujer, la sigue, antes de que ella note que la siguen la llama, le pregunta, nota que con su presupuesto puede acceder a los zapatos, le pregunta en donde los venden, entonces, al medio día, en su hora de almuerzo va al almacén y los compra.  En la noche, los estrena, sale a la panadería y compra pan, da un par de vueltas, exagera en el tiempo que usa para escoger, ahora va a su casa tranquila, esa noche duerme tranquila, sueña con un río de zapatos, con una nube amarilla que brilla como el sol, ella camina en el desierto, los zapatos los usa de paraguas.  El sueño se repite durante las noches siguientes, el domingo descubre que los zapatos se han roto en una de las costuras, ahora comprende el sueño, ríe por la coincidencia, va al almacén a cambiarlos, la mujer que la atiende tiene una nube amarilla tatuada en el brazo izquierdo. 
 
No hay el mismo color que ella pidió, volverá después, no tiene afán.
 
Esa noche despierta en las horas de la madrugada, sentía que todo su cuerpo se dilataba, mira hacia sus pies, y nota que de sus dedos surgen líneas de líquido, se agacha para tapar los orificios que permiten la salida, sin embargo, su piel se convierte en tierra y el líquido continúa trasladándola al piso de su cuarto.
 
Oscar Vargas Duarte

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