Despedida

Una vez estuviste aquí y te lo llevaste todo, incluso aquel pesado ronquido con el que te despertabas y te obligabas a callar los gritos de hastío.  Contigo se fueron las huellas que fui construyendo mi mortalidad perpetua, ellas te siguieron y hoy aún son sombra detrás de tus pies.  Mi sordera, aquella con la que suplicaba para evitar que la discusión se convirtiera en una pelea de voces innecesarias.  Te llevaste la leche que bebía en la noche tardía cuando llegaba a la cama y tú dormida no presentías mi boca cayendo en silencio desde tu desnudo vientre hasta los senos. Nada queda en esta casa, incluso la soledad y el misterio con el cual todos los objetos permanecían en delicado orden, a cada uno un lugar, y por supuesto ese orden nunca era reconocido por mi desorden de niño y  debía preguntar por todos los objetos antes de saber en donde encontrarlos.
Una vez estuviste aquí y ahora todo hace falta, incluso yo que en este instante me marcho con las lágrimas espantando a los fantasmas que pudieran colgarse de mi espalda.
 
Oscar Vargas

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