Hay recuerdos que te hacen sonreir sin que lo sepas.

La mujer que se sienta en la silla que está enfrente de tu computador se masturba la sonrisa cuando ve a los niños jugar en el parque, le pasa regularmente y por algún deseo inconcluso siente que una mano se le filtra debajo de la falta a tocarle el vello púbico.  Le pasa regularmente.  Si ella visitara al sicólogo, este le haría recordar que su primera vez, la primera vez que sintió que el deseo se le escondía abajo de la ingle, estaba en una cafetería tomando café con su mejor amigo y este le pidió que le ayudara a sostener un libro de poesías de Jaime Sabines, el libro se cayó entre sus piernas, no pudo acomodarse porque el amigo insistía en que observara como él podía enmarcar con sus dedos, índice y pulgar de las dos manos, a unos estudiantes de prekinder que estaban cantando en el parque de enfrente.
 
Oscar Vargas Duarte

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s