La vejez cae bajo la angustia de quererse joven, así van ellos y ellas soportando sus nuevos rasgos, los hábitos que cambian y por supuesto sus "egomanías". La abuela, heredera de su propia sabiduría se miraba las arrugas y las contaba según los nietos que le presentaban sus hijos, se reía y de pronto volteaba a tocarme las orejas. Decía:
— Tu vejez está en el oído, en la manera que tengas de oir al mundo. Mientras lo escuches, serás joven porque entenderás sus movimientos, cuando dejes de escucharlo, entonces te harás viejo, sin cumplidos que dedicarle al mundo.
Oscar Vargas