los guerreros

Era una mañana de abril cuando ella decidió abrir su blusa y dejarle ver los amuletos que coronaban su inocencia, él pudo verlos, supo entonces que no moriría en batalla alguna, antes de su muerte vería esos senos humedecidos por las lenguas de sus hijos y también los vería adentrarse en la vejez.

En esa mañana de abril el guerrero levantó su espada, no para ir a la guerra, la izó para dejarla atada en una de las paredes de su casa, así, mantuvo la idea que estaría armado para defenderla siempre y no saldría nunca de su casa con ella.

Ella, la mujer, descubrió que la única manera de vencer a los que batallan sin sentido es darles amor para que encuentren sentido a su vida.

 

Oscar Vargas Duarte

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