Ejercicio de repeticiones sobre el pan.

Pan y vino, estas palabras juntas corresponden con una tradición religiosa y se asocia al compartir y a la entrega.  Estas misma palabras, ya en otras latitudes de la palabra se les utiliza en la poesía para referirse al brindis de los amigos, o a la comida, tan cercana a la glotonería de algunos poetas.
 
Es de seguro que en la gastronomía mundial las dos palabras, igualmente juntas pero no solas, son parte de millares de recetas, de mesas bien servidas, de antojos que se reprimen por la dieta e igualmente de glotonería en las cenas.
 
Se puede hablar de la poesía como si esta fuera el pan nuestro de cada abundancia, de cada miseria diaria porque el uno y el otro quizá se inventaron en el mismo instante, nacieron de la misma ansia de alimentarse, de compartirle al otro, de eliminar una abstinencia. 
 
El otro día leía una poesía erótica en la que el pan era metafóricamente hablando el instrumento fálico del amado en el poema.  He olvidado al vino, pero es que la promesa era hablar del pan, y atendiendo que no me salen más palabras y que los pies se me enfrían, cierro mi disertación diciendo que el pan y vino deben estar sobre el cuerpo de la amada, del amado, ya que sin ellos tampoco existe el amor.
 
Oscar V

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