Nunca te atreviste a besarme, cuántas veces intenté zafarte de tus escudos de defensa sin lograrlo, sin que tu boca se abriera para reconocer la humedad de mi lengua. Bueno, hubo algunos besos, pero en este caso estoy hablando de lo imaginario, de este momento en el que imagino que te gustaba acariciarme mientras yo me recostaba en tus piernas. Días de descanso y noches de charla, eran los mejores momentos para suplicarte por esas caricias que me hacían feliz.
Este medio día en que el sueño me obliga a detener las actividades laborales y me deja este pequeño espacio, solo estoy para tí, solo escribo un poco lo que pienso, claro que si pudiera expresar las imágenes que me llegan de tí, de tiempos que existieron, de tiempos que nunca fueron, seguramente debería esforzarme en lograr que mis letras fuesen muy claras.
Me gusta pensarte.
Dos besos en tu boca.
Oscar