María de los Ángeles se despertó con un presentimiento tardío,

María de los Ángeles se despertó con un presentimiento tardío, esto de tardío fue lo único que se le ocurrió para definir la manera en como sintió de repente el reconocimiento de algo, de una ocurrencia, de una situación que seguramente sucedería en el transcurso de la mañana.   El presentimiento se hacía fuerte, más aún cuando buscaba en un cajón la ropa de encaje negro, un poco menos cuando se colocaba la blusa de color naranja.  Este color le gustaba desde cuando supo que lo identificaban como el color de la cosecha, del otoño, de los atardeceres tranquilos entre dos que se promulgan pasión.  El negro, por encima de cualquier otro color es el favorito, por eso lo repite continuamente en su ropa interior.

 

 

El presentimiento tenía que ver con uno de sus amigos que viajaba en avión a algún lugar que ella no recuerda en el momento. Es como si a partir de ese momento el amigo dejara de existir, como si ya luego no pudiera verlo más.  No es que fuera a morir en un accidente, o a desaparecer completamente, es que sentía que al subirse al avión y llegar al sitio destino, su amigo empezaría a ser diferente, su percepción del mundo ya no tendría conjunciones con el de María de los Angeles.

 

 

La mañana en el trabajo fue el hastío y la fatiga de la rutina, la tarde no cambió de rumbo.  Lo único que podría rescatar del día serían las preguntas inoportunas de uno de sus clientes que la miró de manera morbosa y le preguntó si estaba asegurada la blusa, ya que el contenido que lleva es muy valioso.  Lo miró como las bacteriólogas a los objetos de estudio de su profesión y siguió con las actividades normales.

 

 

María de los Angeles estuvo toda la noche conectada a Internet, esperando que su amigo apareciera en línea para preguntarle sobre el viaje.  Entre hora y hora le envió correos en los que le pedía que se comunicara apenas pudiera o que le enviara los datos a donde ella podría llamarlo.  Durante las noches de la siguiente semana repitió el mismo ejercicio. 

 

 

Doce días después recibió de una mujer un correo en su buzón en el que decía que había viajado a Tailandia, las cirugías de cambio de sexo son más baratas, y le contaba que ahora no era más Carlos, que por favor la llamara Carlina.

Oscar

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