Jorge es el nombre de un amigo a quien hace mucho tiempo no veo.

Jorge es el nombre de un amigo a quien hace mucho tiempo no veo.  Pienso en que si el Señor del taxi tiene razón y la casualidad ha dado para que cualquiera de los muertos de los cuales he escuchado en la radio o leído en los periódicos o visto en televisión y no me he preocupado por su nombre, pues, podría ser Jorge uno de ellos.  Este hombre del taxi se ha llevado más tiempo del que puedo dedicarle a temas que no son de la oficina.  Hablé con uno de mis amigos cercanos por teléfono y se ha reído hasta el cansancio, claro tiene razón, pero las cosas no siempre son como una las quiere.  (Mientras escribo pienso en una de mis amigas escritoras que me habla acerca de como involucro mis pensamientos en los escritos y yo utilizo como excusa la manera en la que escribe Saramago)
 
 
Apenas he almorzado, tomo el celular y llamo a mi jefe para decirle que debo atender un asunto que no tenía planeado.
 
..
– Si, yo llamo a Maria para que atienda todos los asuntos.
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– Gracias.
 
Esta vez no tomo taxi, me subo en una de las rutas  que llevan hasta el anfiteatro, unas cuadras cerca del centro.  Debería llamar al servicio del teléfono para que me den la dirección exacta, sin embargo, tomo el riesgo de perderme, quizá mientras camino perdido se me olvide la idea que el tipo del taxi me contagió en la mañana.
 
La ruta da vueltas como si buscara el espacio que se pierde entre el infinito de un beso y el adios de dos enamorados.  Es hora de bajarse.  No hay manera de equivocarse, todo está lleno de la miseria que supone haber perdido a los que se ama.  Muchos van con la cabeza apenas enfrentada al viento, tal vez con un poco de esfuerzo podrían arrastrarla sobre el piso.  Sigo a uno de los fantasmas que venden soluciones funerarias, pobres vivos, los muertos los dejan solos y con la soledad támbién les dejan la tarea de enterrarlos.
 
Hay una lista de nombres colgada de una ventana.  Me aproximo y comienzo a leer.  En la jota de los Jorge no está mi amigo.  Resuelta la duda pienso en devolverme a la oficina.
 
– Señor, señor, venga hágase conmigo.
 
El hombre del taxi está en la fila de quienes van a ingresar para verificar si los NN corresponden con conocidos.  Lo miro y no se si estampar mi cara contra la pared por la idiotez de estar aquí o patear al piso por la suerte de encontrarme al tipo.
 
– Qué tal, cómo le va ?
– Menos mal que me encontró, yo estoy aquí hace más de dos horas, no querían dejar entrar a nadie porque dizque hay unos militares y entonces no se podía entrar hasta después.
– ..
– A qué amigo viene a buscar ?
– Solo vengo a atender su curiosidad, la de los dos muertos que encontraron en el centro.
– Claro, así sabemos quienes eran.  Estuve pensando y seguro son personas pequeñas, si fueran grandes no los hubieran podido mover.
– Seguro.
– Quiere que vaya y le consiga algo para tomar mientras espera.
– Tranquilo, así está bien.  Espero con usted.
 
Pasan algunos minutos que podrían pesarse por lo extenso que sentí el tiempo mientras esperaba.  Nos hacen seguir y mentimos diciendo que un vecino se perdió con uno de sus amigos y la esposa no puede venir a buscarlo, entonces nosotros estamos haciendo la búsqueda.
 
Huele a mierda y todos los olores parecidos. Siento asco y quiero vomitar pero haré todo mi esfuerzo por no hacerlos, si así se siente en las zonas limpias, no me imgagino a lo que se enfrentaría uno en los baños.  Un hombre nos lleva hasta una sala amplia con cuerpos en posición horizontal cubiertos con sábanas blancas.
 
– Cómo es a quien buscan ?
– Pues, exactamente creemos que son los que dejaron tirados en el centro, en una bolsa de basura.  Es que como se perdieron los dos amigos, digo el vecino y su amigo, nosotros creemos que pueden ser esos cadáveres.
 
Este hombre empezó mal, ahora pueden empezar a preguntarnos cosas de las que no sabemos nada.
 
– Y por qué creen que están muertos ?
– Yo no creo mucho que estén muertos, pero es que la esposa del vecino, señor usted sabe, las mujeres son muy sensibles. Yo creo que están de parranda por allá donde algún familiar, pero la señora nos insistió en que le ayudaramos.
 
Este tipo sabe mentir, hace muecas de hastío y de necedad mientras habla.  El que nos atendió deja de hacer preguntas y nos píde acercarnos a una mesa que está en el extremo opuesto.  que suerte, debemos pasar en medio de todos.  Tengo miedo, espero que no se me note.
 
La sábana que cubre el primer cuerpo se levanta y nos deja ver la cara.  El taxista solo se fija en el tamaño del cuerpo.
 
– No es él.  Menos mal.  – Dice el taxista  y me mira como si yo hubiese tenido alguna preocupación.  Tenemos que llamar a la vecina y decirle que no era él.
– Falta que mire el otro cuerpo, le dice el hombre que nos atendió y que ya se le nota está pensando en otra cosa que no tiene que ver con nosotros.
– Sí claro, donde está el otro.
– Este tampoco es.  Señor, muchas gracias.
– Por qué no ven los otros cuerpos ?
– No creo que haga falta.  La vecina queda conforme con esto.  Es que tengo un taxi y ya sabe si no trabajo no como.  Muchas gracias
 
Salimos y el rostro del hombre no me da sensación de que esté tranquilo, pero no me importa.
 
– Creo que estoy tranquilo.  Ninguno era el amigo en el cual pensé, además, no eran conocidos ninguno de los cuerpos.
 
– Felicitaciones. A mí tampoco se me parecieron a amigos míos.  Eran pequeños, claro, es que si midieran lo que medía mi patrón no los hubieran podido mover. 
 
– Nos vemos cualquier día en su taxi cuando se de la casualidad de encontrarnos.  Hasta luego.
– Si quiere lo llevo,  mire que yo tengo el taxi por allí en una calle.
– No lo dejó en parqueadero ?
– No, si es que por acá son muy caros.  Mejor fui y recogí a mi hermana y ella me acompañó, como usted no se animó. Ella está cuidándolo.
– Ya, yo creo que me voy en bus, me parece que no se tarda mucho el bus.
– Yo lo llevo y gratis.  Tranquilo.  De paso seguimos hablando un rato.
 
En el taxi efectivamente está la hermana.  Nótese que cuando digo la hermana, es la hermana, con unas tetas a punto de romper la tela.  El escote no es amplio pero se nota el tamaño.  Nos presentan y no puedo dejar de verlas.
 
OScar—-
 
 
 
 
 

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