Odio a los que sueñan

— Los días pares el reloj va en la mano derecha y los impares en la mano izquierda.  La paridad o su inverso se miden según sea numerado el día dentro del mes en el calendario occidental.   — Vaya dicha absurda la que te conmueve.  Eres de risa. Pedimos un par de copas más y continuamos recreando con tonterías la charla.  Envidié su rostro desde cuando … Continúa leyendo Odio a los que sueñan

Te asustas, el miedo es el abrebocas de cualquier apariencia que veas.

  Hay días que son pesados y no es fácil encontrar la carga que lo hace ser de esta manera. El calor nos da hastío, el frío se convierte en una ecuación algebraica en la nariz, la camisa no pareciera ser parte del entorno pictórico adecuado con la demás ropa, la espalda se encamina hacia una ladera de dolor, quienes deberían admirarnos nos ignoran, nadie … Continúa leyendo Te asustas, el miedo es el abrebocas de cualquier apariencia que veas.

Algunas horas son propicias para hacer compras,

Algunas horas son propicias para hacer compras, los almacenes se encuentran vacíos, dentro de lo posible, es más fácil pasear de estante en estante observando los modelos de moda. Los maniquíes se visten de una elegancia envidiable o están adornados de manera casual, son para enamorarse. Ella camina dentro del almacén, pasea cada rincón y va imaginando combinaciones, son varias vueltas antes de decidirse por … Continúa leyendo Algunas horas son propicias para hacer compras,

No hay nada que te queme, tampoco algo que lleve a tu boca fuego o hielo seco

No hay nada que te queme, tampoco algo que lleve a tu boca fuego o hielo seco. Esto lo se de otros siglos, años viejos que inundados por otras vidas añejas en el tiempo hoy no somos capaces de recordar claramente. A cuento de que viene esto a escribirse, ya lo irás sabiendo, o puedes empezar a imaginarlo. Esta mañana descocías tu ropa para meterte … Continúa leyendo No hay nada que te queme, tampoco algo que lleve a tu boca fuego o hielo seco

La noche nunca ha muerto, de hecho ella no sufre de este mal

La noche nunca ha muerto, de hecho ella no sufre de este mal que los humanos suelen endilgarle cuando se refieren a eventos propios de su mortalidad, igual lo hacen cuando de la oscuridad continúa su rumbo hacia las zonas donde la luz deja de verse. Es un rostro repetido en sus sueños, una canción de cuna con la cual inicia y termina la noche, … Continúa leyendo La noche nunca ha muerto, de hecho ella no sufre de este mal

Ella compra verduras en el supermercado de la esquina

Especialmente para tí que recogiste mis letras y las pusiste entre tus lecturas   Ella compra verduras en el supermercado de la esquina, el periódico llega antes de la hora sexta del día y lo lee en pequñas dosis, bebe leche con calcio para ahorrarle a los huesos lo que se gastarán en la vejez, hace ejercicio a diario y conserva un cuerpo sano.  Nunca se … Continúa leyendo Ella compra verduras en el supermercado de la esquina

Ella no se viste de colores pastel y menos comulga profecías insanas

  Ella no se viste de colores pastel y menos comulga profecías insanas; la congoja es una situación a la cual se acerca desde el microscopio del bacteriólogo, y cuando más es acaso mirada de biólogo la que utiliza para manifestar su apreciación sobre las situaciones de la vida.  Ella camina al lado de quien le obliga a sobornar su conciencia de racional entendimiento y … Continúa leyendo Ella no se viste de colores pastel y menos comulga profecías insanas

El hombre apenas recuerda vagamente las imágenes

El hombre apenas recuerda vagamente las imágenes. Toma la nota de la mesa y vuelve a leer la dirección, el teléfono y el nombre de la persona que debió anotar la noche anterior. "Llevar leche y pañales para un bebé de 10 días, con esperanza y mucho amor Ana Isabel". Incomprensible cuando apenas si logra entender como llegó al apartamento. No es que el vicio … Continúa leyendo El hombre apenas recuerda vagamente las imágenes

La tarde es un calor fecundo que obliga al sudor en la espalda

  Después de mucho esperar por imágenes en mi cabeza me llegaron estas, claro, solo pudo sucecer cuando escuché el rumor del mar encadenándose a unas piernas que se apretaban para no ceder a las olas. Cuanto me gustaría ser el barco y llegar hasta la arena con mis algas y las líneas del mar sobre mi madera.   La tarde es un calor fecundo … Continúa leyendo La tarde es un calor fecundo que obliga al sudor en la espalda