La sombra de alguien enumerando pasos silenciosos por el pasillo la sustrajo de sus pensamientos, esa manera de caminar solo podría ser de uno de sus hijos, Miguel caminó hasta el baño, abrió la puerta y la cerró sin ceremonias que permitieran encender la luz. Le pareció curioso y un poco tonto de su hijo entrar al baño y quedarse en él a oscuras. La baldosa estaba fría, aún así caminó hasta la periferia de la puerta y sin que hiciera falta algún esfuerzo supo lo que su hijo estaba haciendo en la oscuridad. Volvió a su lugar, sonrió durante los minutos que pasaron hasta que vio salir a su hijo rumbo al cuarto.
Tomó una hoja y conectó sus pensamientos con los trazos. La mañana la sorprendió con un sol que sintió propio, vio como los colores absorbían la luz, había terminado el nuevo dibujo y seguía dando giros entre la realidad y su imaginación, así estaba cuando notó que Miguel miraba el dibujo, levantaba sus ojos y le preguntaba – Má, porqué este hombre que dibujaste tiene una boca entre los dedos de su mano izquierda, y en su mano derecha parece que lleva las piernas de una mujer? – María miró a su hijo, lo contempló de modo tal que él no comprendió, entonces le dijo: Ya sabré yo que cosas pinto, tú ve y lávate las manos muy bien.
Oscar Vargas Duarte