María, para no llamarte, te escribo

María, seré otro, más fuerte, más sabio, más valiente.  De corazón amplio y dispuesto a la entrega. Eso ocurrirá después de esto, sin embargo, se que terminaré solo después de este momento, claro que no en soledad, solo que los espacios estarán solos, dispuestos para ser llenados.  Seré otro, cada que doy pasos en este camino noto que cambio, soy más de tierra, de una tierra en la que nacen bosques, más lleno de fuego, con el aire en los pulmones y junto a las alas, con el agua en completo movimiento.

María, duele dejar que una parte de mí se muera para que nazca otra, me gusta la que nace, pero aún así es difícil para mí.  Ahora estoy triste, triste y con la emoción y la felicidad buscando agrietar esa tristeza.  Me afanan la admiración y el culto a mi ego, la participación viva de los que me aman en los juegos que invento, pero con ella no pasa, lo que es importante para mí es insignificante para ella.  No importa, pronto seré otro y ella será un recuerdo del que hablaremos cuando estemos charlando sobre lo que me obligó al cambio.

María, te presento al que escribe dando pasos hacia la luz de los que se entregan a su profesión sin más recompensa que la de escribir profusamente.

Te seguiré contando.

Oscar Vargas Duarte

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