María, duele dejar que una parte de mí se muera para que nazca otra, me gusta la que nace, pero aún así es difícil para mí. Ahora estoy triste, triste y con la emoción y la felicidad buscando agrietar esa tristeza. Me afanan la admiración y el culto a mi ego, la participación viva de los que me aman en los juegos que invento, pero con ella no pasa, lo que es importante para mí es insignificante para ella. No importa, pronto seré otro y ella será un recuerdo del que hablaremos cuando estemos charlando sobre lo que me obligó al cambio.
María, te presento al que escribe dando pasos hacia la luz de los que se entregan a su profesión sin más recompensa que la de escribir profusamente.
Te seguiré contando.
Oscar Vargas Duarte