Causas perdidas

El tiempo sobre el que te sientas para consumir el enojo que te hace morder los labios y apagar tu sonrisa, ese tiempo es el mismo que tendrás que repasar cuando la noche te obligue al sexo. El cansancio de tu cuerpo, en esas noches, será superior al que llevas hoy en tus ojos.

Piensas en los elefantes, en las hormigas. Sabes que no sirve de nada lo que atraviesa tu mente, solo tu grito en el baño al dejar que las lágrimas se acojan misericordiosas a la luz de las pestañas, solo ese grito te libera. Llora, deja que todo se corte de sales en tu rostro, ahora levanta el metal y clava rápidamente la punta afilada sobre su pecho, así no tendrás que soportar noches de sexo obligado

Oscar Vargas Duarte

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