Uno pide un café

Uno pide un café, se toma dos, el hombre que atiende las mesas trae una cerveza, uno se bebe las seis siguientes y más. Es claro que el hambre se acomodo tiernamente al lado, pero se le ignora con el prestigio que se merece.  Traen más cervezas, limpian la mesa para evitar que no se diga que desde la hora del desayuno hasta esta hora tardía se han hilvanado una tras otra botella.  La mujer de la mesa de al lado no ha conseguido clientes y para no perder la práctica y hacer creer a los que vigilan su negocio que hoy han servido las carnadas, entonces se ofrece a doblegarse en éxtasis frustrados y mentirosos sobre mis piernas.

Oscar Vargas Duarte

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