La paz que apreciamos es apenas la pacificación que otros han incluído
en una receta para hacernos pensar más en la calma externa que en
aquella que nace de nuestros propios desvaríos.
Hemos perdido el olor de la caverna, yo no adoramos siguiendo nuestras propias creencias, nos hemos dejado vencer por la opulencia con la cual los medios hacen que sucedan un evento tras otro.
Esta, la mirada que se atreve a ver por encima de las luces es apenas un destello de lo que por dentro de mi ser fluye, sin embargo, no le es permitido salir frecuentemente, atenta contra la obligatoriedad de la rutina, contra la voz impuesta por la mano que castiga con sus horas milenarias de trabajo.
Oscar Vargas Duarte