Supongamos

Escucha la música que como el musgo se pega en el interior de tus oídos, imagina a quien canta sentado en junto a una hoguera mientras tú compartes círculo con tus grandes amigos, ella, la mujer que amas está en algun lugar cercano y sientes que aunque tu voz sea emitida por la boca nadie te escucha, luego imagina que no estás con tus amigos, que todos son forasteros pero igual está la mujer que amas sin que tú puedas decirle alguna palabra.  Imagina que te sabes completamente la letra de las canciones y las cantas, pero tu pasión se siente herida y tu corazón agrietado.  Imagina que estás a solas con ella, cierra los ojos e imagínalo, luego, déjate llevar y trata de suponer lo que le dirías.  Ya lo sabes, no le dirías una sola palabra porque ella no sabe escucharte y tu voz es una grito pausado que nunca dice nada.

Supongamos que la música se mantiene y tú cierras los ojos para dejarte ahogar por ella y en cualquier momento tu respiración termina.

Oscar Vargas Duarte

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