Despierta y la busaca de manera intuitiva, tal como se ha estado acostumbrado recientemente. Piensa en cubrirla, sin embargo un vacío en su pecho, cercano a la nausea se lo impide. Movimientos cortos y lentos, sobre la cama, lo acercan a la orilla de la misma hasta que alcanza la silla de siempre. Toma una almohada, la deja sobre las piernas y luego sobre ella acomoda el portátil, busca dentro de los archivos el texto en el que está construyendo la novela que le prometio.
Una metáfora que abriga a su cuerpo como si este fuese mar, selva, arena y ríos. El ritmo de la historia continúa, el apresura sus dedos, observa el cuerpo de la mujer constantemente, sabe que debe seguir con prisa porque el cuerpo de la muerta se está pudriendo.
Oscar Vargas Duarte
Oscar, buenísimo el texto. Marina