La soledad comprada

Esta mañana, después de despertar con el ruido de la culpa agitándose sobre las colinas del pensamiento, he decidido que esa culpa es el pago que doy por la soledad con la cual palideceré en adelante.  No se me pregunte a que se debe mi cabeza mirando hacia el piso, agachado como la de todos los que llevan una culpa despuntando soles en los ojos.  La soledad va ahí, entre la espalda y el arco iris inventado, así estoy, intranquilo, sintiendo el canibalismo que me permitió superar la periferia que debería mantenerse inédita por siempre.

Has de verme muchas veces transitar con silencio de fiera que no puede aullar ante la luna o rugir frente a la reja del zoológico, en los buses subiré queriendo no reconocer a los pasajeros que serán compañeros de viaje.  Has de verme con las manos y los ojos sembrados de soledad porque he decidido comprarla con una culpa por un error del que no pienso arrepentirme.

Oscar Vargas Duarte

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