A partir de ella sus hábitos en la comida cambiaron, ella no ofrecía ninguna resistencia a cualquier tipo de comida, de hecho lo animaba a saborear muchos platos.
Esa noche él llegó con dos horas de anticipación, ella le advirtió que la comida sería dos horas después de que él llegara. Todos los invitados estarían dispuestos en la mesa y entonces él ingresaría al salón mientras ella lo llevaba en sus brazos.
La discusión sobre si era entre sus brazos, en sus brazos, juanto a su brazo tardó una tarde, rieron de cada idea, sin embargo ella se mantuvo firme en la manera como lo había expresado.
A la hora convenida los invitados a la cena vieron venir a la mujer con un plato grande de comida en el que se podía observar la piel de un hombre recién preparado en frutas tropicales.
Oscar Vargas Duarte