La escritura como objeto de pasión o consecuencia de la misma. Hoy he visitado a una mujer de quien puedo decir es la única que logra atar mis sentimientos y hacerlos nudo en mi garganta. Alguien que haya leído muchos de mis textos podrá cuestionar mi afirmación y decir que he dicho eso mismo de todas las mujeres a las cuales les he escrito. El punto al que quiero llegar justo es el que tocaría aquel lector casual que se ha detenido en mis letras, no hay muchas en las cuales ella esté mencionada, es difícil distinguir algo en lo que con claridad pueda referirse a su nombre, sus formas o su existencia.
Inicié este ejercicio de poblar con letras esta idea porque estaba pensando si es que acaso mis letras son consecuencia de una pasión que me lleva a devolver los favores generados en el corazón como ejercicios verbales. Quizá podría recuperar todos mis textos y asociar en cada uno de ellos a una mujer, un universo que se me mostró pleno y desbordó lo amplio de mis ojos hasta que los vieron llorar, o también una aventura hecha de oídas sobre la que hube de sembrar mis palabras como cultivo.
Igual, he muerto al amor en tiempos secos, me he visto sacudido por la prudencia que no permite abrir puertas, de esta manera me he mantenido ajeno a los sentimientos, aún así las letras aparecieron y fundaron ellas solas conventos, noviciados, funerarias, estadios, casas, ancianatos, y miles de lugares más a los que la imaginación a permitido acceder.
La escritura es un objeto de mi pasión, digamos que he atravesado un par de ideas a partir de la anterior para escribir ahora que en algún lugar de mi corazón un hombre se levanta e iza todas sus banderas, sale en marcha con cada instrumento que conoce y entonces grita vivas, hurras y oles porque mi escritura se vuelva una profesión de la cual pueda expresarme como el hábito al que accedo diariamente a socorrerme el único pan que me alimenta, las letras.
Oscar Vargas