Es una noche extraña o talvez el extraño soy yo

Es una noche extraña, no por la noche misma, es quizá por mí. Desde el lugar en el que estoy puedo ver a una mujer que llora, sus lágrimas no se notan, son cremadas en el instante mismo en que otean junto a los párpados, yo se que llora, le escucho el eco de los lagrimales, así es, desde este sitio puedo verla enmudecer con llanto. Es una prostituta, está sentada sobre las piernas de su cliente,

 

El hombre le fatiga el cuello con la lengua, esas no son caricias, son arbitrariedades insanas a las que ella se somete, todo sea por la profesión. Llora, incluso un pequeño suspiro le agita el pecho, el cliente confunde esto, emocionado por demás, con la seducción que pretende enlodando con su lengua el cuello de la puta. Ella llora al pensar en los 25 centímetros de dura carne que se le notan al hombre entre las piernas, lo sabe, no necesita medirlo, y acaba de aceptar ser sodomizada por él, una comisión adicional por permitir esta afrenta a su esfínter, así es el negocio, unos días más duros que otro, igual llora, tiembla un poco pensando en el dolor.

 

Alguien abre una puerta, no puedo ver quién es, un gato sale, nadie lo nota, solo yo puedo verlo, el gato acomoda su cuerpo sobre la tarima en donde una mujer pretende bailes con el viento. El gato lame sus patas, me mira, sus ojos se acercan hasta mi rostro y compadecen a los míos. Ahora maulla, da gritos, todos siguen igual de sordos al sonido gatuno. El gato ya no está, lo han levantado de ahí. En una mesa dos hombres esperan por el gato, hay escalpelo, bisturí, cuchillo sobre la mesa. Cortazar y Borges toman al gato y lo matan con un golpe de martillo sobre su cabeza. Es una noche extraña o tal vez el extraño soy yo.

 

Hay pedazos de gato esparcidos en todo el lugar. Cotazar corta y Borges lanza los pedazos sin mirar a donde. Las prostitutas del lugar no ven nada, los hombres tampoco. Un hombre se masturba viendo a dos mujeres haciendo una función de lesbianismo. Tiene la mano derecha dentro de su bolsillo, el bolsillo está roto, se toma el pene y sin ninguna pena se acaricia. Nadie lo nota, pero todos deberían poderlo ver, su ceguera se debe a que están concentrados en las mujeres que en este instante se muerden las lenguas. La mujer sigue llorando, da un suspiro cada tanto bebe de la botella de su cliente, borracha será mejor.

 

El hombre se contrae, presiente la explosión, no se agita, contrae los músculos del cuerpo, viene ya el orgasmo. En ese pequeño instante el hombre mira hacia los dados, el olor no se notará, la fetidez del alcohol expuesto se siente por todo el lugar. A su lado hay media cola de gato, una oreja con una ache en mayúscula tatuada sobre ella. Borges le decía a Cortázar que esa hache, tatuada ahí, le permitiría escuchar a las mudas, no a los mudos, solo a las mudas. Del techo cae arena, veo una llovizna de arena, hay un ciego recogiéndola, el ciego lleva un sombrero y ahí coloca la arena que recoge, el ciego sabe que el sombrero está roto, aún así pretende recoger la arena.

 

Es una noche extraña, incluso para tí, en este instante no lo sabes, detrás de tí, en la pared hay una araña que se expande y acerca sus patas hasta llegar cerca a tus orejas, cuando tú presientes que estás siendo observada y giras la cabeza, la araña se vuelve pequeña, se minimiza, no logras verla porque la cobija una sombra. Yo te veo, desde el lugar en donde estoy puedo verte, te tomas la quijada con la mano izquierda y giras la cabeza, la araña es de proporciones minúsculas.

 

El ciego sigue recogiendo arena, la prostituta llora, el cliente goza, Cortázar y Borges se están tirando, cada uno, a una puta, ambas son ancianas, no se mueven, solo lo hacen ellos. La función de lesbianismo terminó, el hombre que se masturbaba se ha ido. La araña se mueve por la pared, por alguna razón aparece en las nalgas de la puta. Es una noche extraña. Siento la cara agrietarse, pongo las manos sobre ella para que no se me caigan los ojos, quiero seguir observando. En una de las mesas dos niños juegan. El menor quiere ser tú, el mayor desea con devoción matarte. No comprendo su juego, tienen muñecos de vudú, a tí te duelen las manos y los brazos y las piernas. Crees que es artritis, son los niños yo lo se.

 

Hay un hombre colgando cuadros sobre las paredes, es el mismo cuadro, en él hay una mujer con un gato en sus manos, a su lado todo es sombra. Cortázar y Borges siguen al hombre y lo van a apuñalar. Las manos se desprenden de mis brazos, los ojos se me caen, el ciego los toma y los ubica en su rostro, ahora el ciego ve, pero son mis ojos y no puedo hacer nada.

 

Es una noche extraña o talvez el extraño soy yo.

Oscar

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