Todo es lo mismo

Todo es lo mismo, nada nuevo alrededor del sendero que camina a diario.  Un poco más, un poco menos, el sol que abriga al día, la noche desprendiéndose del techo.  Una rutina aprendida de la que solo se recogen quejas cuando se hierve de cansancio.  La mañana, el desayuno y las actividades que corresponden con el trabajo, el mediodía y la zona horaria dispuesta para el almuerzo, la noche que incluye una cena liviana y conversaciones con quienes se comparte el lugar de vivienda.  El sueño aterriza sobre los ojos y luego es el cuerpo el que lo hace mientras ve como las imágenes del televisor consume la atención.

La ropa cambia de colores, estos ya instruídos por la costumbre no migran de apariencia, son los mismos que acordonaron la vestimenta en períodos anteriores, el rostro se lava, el cabello se ordena utilizando más ideas, los adornos del cuello y los brazos viajan haciendo compañía, pueden ser diferentes pero en el fondo están ahí para cumplir una enmienda dictada por una rutina de moda.  La cama y sus sábanas se desprenden de la misma manera que los zapatos, solo se nota el cambio el primer día, los otros se ven igual, como si existieran en el infinito que significa desde siempre.

La piel, que no se añeja como el vino o mejora como se supone lo hace la sabiduría con la experiencia de los años, de tanto observarse a diario en el espejo se mantiene constante, en constante derrumbe, no se nota el adormecer de la juventud porque en los espacios compartidos todo envejece.  Los días se suceden y la rutina apenas cambia cuando un evento externo la entorpece.  El saludo en la mañana, la despedida, el saludo en la tarde, el buenas noches, todas estas frases horneadas en el mismo fastidio de repetir lo impuesto.  El espacio para pensar en la diferencia que existe entre lo que se quiere y lo que se vive dejó de existir y ahora ni siquiera es una pregunta diaria para completar las dudas.

La caída de la ropa no es un encuentro con lo exquisito de la desnudez, es un paso más para completar los pasos que siguen antes de estar prendido de otra protección que puede ser ropa de trabajo o pijama de dormir.  El cepillado de los dientes trae más aplausos de higiene que una búsqueda de las palabras que se pierden entre labios y dientes por no haber sido pronunciados en el tiempo indicado.  La ducha, la ocasión para participar de la caricia inocente que fluye con el agua se convierte en prisa por salir a cumplir con la rutina de la ropa.  Hay aromas que se buscan en el artificio de los perfumes o las cremas, no se reconoce el olor propio, la sensación de ser humano, biológicamente hecho para tener olores, para cambiar de aroma con el esfuerzo o el descanso.

Se cae fácilmente en el sueño y el despertar está atado a convenciones que se admitieron desde un día que no se recuerda.  Los recuerdos, solo son eso, recuerdos que no traen esperanza porque se cumplan otras historias, son la hoja seca de un otoño vivido en una olla de cocina, a la que ya no se le abona con comida para preparar nuevos platos.  Las historias llegan y se van sin que se le adicionen condimentos.  Se es y a la pregunta de quién eres o qué quieres no se sabe responder con certeza. Los deseos son muchas veces un afán material que no va en la misma vía por la cual transita o quisiera transitar el corazón.

El deseo se pasea por lo material, la memoria no alcanza a percibir lo que palpita en el interior, es más fácil seguir la recomendación de los medios de comunicación y mantenerse atento a cumplir con los lineamientos que dictan los que se sientan a pensar por los demás.

Olvidamos que somos emocionales y es a las emociones a las que deberíamos dedicarles la satisfacción, pero como los filósofos nos enseñaron que ser racionales es un estado superior todo lo medimos con la lógica, ya luego confundidos en la retórica de los principios lógicos nos confundimos y decidimos mantenernos en estado de armónica quietud para llegar a ninguna parte.

Todo es lo mismo.

Oscar Vargas Duarte

Un comentario en “Todo es lo mismo

  1. Invitandonos a reflexionar sobre esa rutina de la vida, donde las pompas de jabón, a veces, invaden nuestros espacios, pero son eso, solo pompas de jabón.Cierto yo  pienso lo mismo, todo se repite y el que piense que descubrió un mundo nuevo se equivoca, pero creo que sí, que la piel se vuelve sabia y añeja, sólo se desgasta de tanto sentir y del peso  de las vivencias que se han quedado pegadas a ella.
    Un tema para extenderse, verdad?
     
    Abrazo

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