Hay un ángel en su cuarto ordenando cada uno de los objetos que ella suele dejar de manera desapercibida en cualquier sitio. Levanta el reloj que dejó junto al televisor, lo deja junto a las otras cosas que suele llevar siempre en el día, busca el carnet de la oficina y lo recuesta sobre la cartera.
Tatiana mantiene una posición de estatua para evitar ser sorprendida espiando, con los ojos a media asta mira todo lo que el ángel hace por ella. Los zapatos son reubicados para que puedan ser encontrados fácilmente, el libro de lectura ignorada, del que lee una línea cada dos semanas vuelve a un lugar visible.
Al despertar estará todo en su sitio. Tatiana sonríe al pensar que hay alguien protegiéndola y dejando preparado cada detalle para que su vida sea siempre un camino a la felicidad.
Oscar Vargas