Algunas veces la palabra se duerme en los internos sumergidos.

Algunas veces la palabra se duerme en los internos sumergidos.  Un interno eres tú que se enconge en las frases ocultas, cuando pronuncio en alto una poesía y no ser porque lo hago.  Estoy mintiendo, no recito en voz alta otra cosa uqe no sean mis propios versos y lo hago porque es importante el sentido sonoro tanto como la forma de cada palabra escrita.  Un interno sumergido es tu voz que se agita en la música que escucho en las noches.  No escucho música antes de dormir, no enciendo el radio para otra cosa que no sea sobreescribir el ruido con conversacione de las cuales pueda entender las diferentes maneras de argumentar que las personas utilizan.
 
 
Dejo que las palabras salgan en este momento para satisfacer un capricho, el capricho de escribir sin un sentido, como si tuviera por objervio desordenar lo que alguna vez tuvo orden en mi mente.  Hace mil años dos niños jugaban a las escondidad bajo su cama, eran fantasmas y trataban de asustar a los adultos que se acercaban a la puerta del cuarto en donde ellos jugaban.
 
 
Hay una mujer que viste una blusa color jugo de uva, lleva un anillo de compromiso en uno de los dedos de su mano, imagino que hy un protocolo escrito sobre el uso de los anillos de compromiso.  Me pregunto si dejar de seguri el protocolo significa abandonar el compromiso.  Supongamoss que logro que la mujer deje su anillo abandonado en mi mesita de noche, la verdad es que si eso ocurre estaría en mis días de suerte, porque es difícil, dentro del rango de los imposibles, que ella se aproxime a mi silencio y yo pueda pretender acceder a sus ruidos íntimos.  Un teléfono timbra, a lo lejos, viendo por la ventana, un hombre abre un paraguas y lo siembra en el asfalto.
 
 
El reloj es un elefante machacando la muñeca de mi brazo derecho.  Me gusta el arequipe y una metáfora adecuada para hablar de la atracción que me producen los escotes es que me provoca comer arequipe, a la manera antigua, cuando veo uno.  La manera antigua es metiendo el dedo y llevar el dulce de esta manera a la boca, eso me provocan los escotes, me dan unos deseos de meter el dedo, la mano, la boca, la lengua.  Anoche leí una carta, tal vez la única carta escrita que he recibido en mil años, amé cada palabra que leí en ella.
 
 
Alguien trae café a quienes estamos sentados, agradezco el aroma.  Todos duermen, la muerte es la manera perfecta del sueño.  No están muertos quienes duermen a mi lado, solo se olvidan del mundo por unos instantes.  Una explosión en algún lugar rompe la tranquilidad de dos cabras que se apresuran a subir por la ladera.  A maría le gusta el sexo por todos los orificios posibles. María no habla conmigo, no existe para mí.
 
 
He comprado libros para no leerlos.  Creo que es una especie de tic nervioso el que me ocurre cuando voy a las librerías.  Te pienso cuando estoy viendo libros.
 
 
Oscar Vargas Duarte.
p.d. Cualquier parecido con lo que estaba pensando mientras estaba en una reunión es pura coincidencia.

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