El taxista observa a un compañero que viaja por la misma ruta, lo saluda desde su ventana, en el semáforo aproximan sus carros y hablan por espacio de 45 segundos. Le narra parte de la historia, le hace caer en cuenta que ni siquiera él que es un hombre fuerte hubiese podido levantar los dos cuerpos. Le da el nombre de la estación de radio en donde escuchó la noticia. Quedan en encontrarse en algún restaurante que los dos conocen.
De manera espontánea se me ocurre ver al hombre por encima de las gafas, le lanzo una pregunta al mejor estilo del escupitajo de los adolescentes.
– Entonces, cuál es su conclusión del hecho ?
– Es difícil que un solo hombre pudiese haberlos movido, ya le dije que yo no pude mover a un solo cadáver, imagínese mover dos.
– Y cómo se imagina que los metieron en la bolsa?
– Eso no es importante, los pudieron obligar a meterse estando vivos, y mientras iban metiéndose los amarraban.
Lo miro con odio, creo que se me nota, este maldito no ha entendido que solo quiero saber si es una bolsa normal de basura cómo meter los dos cuerpos, y si la bolsa era grande, entonces ya resolví mi inquietud. Pasan un par de cuadras y el hombre me mira preocupado.
– La verdad, cuando uno escucha estas noticias uno nunca sabe si los cuerpos son de amigos que pudieron estar en el lugar equivocado. Me refiero a que esos dos muertos pudieron ser amigos suyos o míos.
– Dijeron los nombres en la radio ?
– No. Estaba pensando en todos los amigos que no he visto hace tiempo, cuáles de ellos pudieron haber muerto sin que yo lo sepa.
Unas lágrimas le escurren por el rostro, dice un par de cosas que no le entiendo. Ahora me va a contagiar su tristeza, este hombre será la fuente del aburrimiento que tendré el resto del día. Este es el momento indicado para desquitarme de todos los desconocidos que me pasan su tristeza, podría golpearlo con cualquiera de los libros que llevo en el morral, darle un puño en la cara o un golpe en la cara con la mano abierta. Se que no lo voy a golpear, mejor y no le miro la cara, las personas deben poder llorar tranquilas sin que sean interrumpidas por otros.
– A usted nunca se le ha ocurrido ir a verificar si entre los muertos que llegan a los anfiteatros corresponden con algún conocido suyo ?
– Yo no escucho estaciones de radio en las cuales reporten esos hechos, y cuando leo el periódio ignoro las páginas en donde reportan las situaciones trágicas que ocurren en la ciudad.
– Si ve, usted puede haber perdido muchos amigos sin que lo sepa.
– Los amigos no se pierden cuando mueren, los amigos no son un objeto perdible. Nos pertenecen desde el primer momento y siempre están con nosotros sin que se requiera saber en donde están.
– Se da cuenta, si ellos le pertenecen, entonces cuando mueren uno se muere un poco también.
Pienso que la conversación está entrando a un bosque de pendejadas, mejor y evito la charla, ya dije mi primera tontería del día y seguro este hombre aprovechará para seguir la charla.
– De verdad, nunca ha pensado que alguno de sus amigos ha muerto y usted no se ha enterado.
– Es normal que uno se muera y no todos se enteren.
– Estaba pensando que podríamos ir a preguntar si están identificados los cadáveres y salir de la duda de quienes son los muertos.
– No. La verdad es que no he asociado a los muertos de los cuales usted habla con mis amigos.
– Mire que yo sí, ahora he repasado la lista de amigos que hace mucho tiempo no veo.
– Cada cuánto va a verificar si algún cadáver corresponde con uno de sus amigos?
– Nunca, esto solo se me ocurrió ahora.
Estamos a una calle de donde debo bajarme, me apresuro y le digo que ya puede estacionarse. Las frases de rutina cierran la conversación. El hombre se disculpa por haber llorado, yo quiero ignorar cualquier frase adicional que diga pero me ha quedado grabado su rostro lleno de lágrimas.
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Oscar