La música se transmite sin que existan objetos que puedan evitarla

La música se transmite sin que existan objetos que puedan evitarla.  Ella no viene con vacíos o subterfugios, somos nosotros los que traemos el vacío, la música lo llena, de esta manera unos instantes después la soledad o la emoción que fatigó a quien la  canta nos cubre igual, somos parte de una emoción que cautivó a otro en un tiempo pasado.   Tatiana escucha la música que grabó hace días, la deja esclarecer lo confuso de sus sentimientos, no tiene certezas, no las está buscando, en este instante solo reconoce lo que surge de ella a partir de la música que escucha.
 
 
Alguien entra a su cuarto, mira hacia el lugar que ocupa, no le habla, da un par de vueltas por el lugar y sale.  Tatiana cierra los ojos, descuelga su cuerpo sobre la cama, da una vuelta de brazos sobre su cabeza, no atrapa nada, el silencio lo cubre todo mientras la última canción termina y comienza la siguiente.  Juega con los pies descalzos debajo de la sábana, no permite que ellos se encuentren, juega a  que no se toquen.  Piensa en días de lluvia, en una tarde lejana en la que doblegaba el camino sobre una bicicleta, la lluvia cubría su rostro, su ropa era de agua y de tela,  viajar sobre un camino explorado por otros, no por ella, pedaleaba, la lluvia la cubría, el camino se iba perdiendo bajo las ruedas.  Tatiana  recuerda esa tarde en este instante.
 
 
La música sigue, no presume inocencias ni culpabilidades, es solo música, algo se ahoga en su garganta, no lo sabe interpretar.  La música sube su volumen, ahora solo es la música que existe, el cuarto se vuelve gaseoso, los ojos de Tatiana también,  todo es etéreo.   De pronto, los ojos dejan de ver, los pies se tocan y se vuelven uno solo, desaparecen, los brazos no alcanzan a las manos, las manos no pueden sostener al cuerpo sobre la cama.
 
 
El tiempo, el mismo que nos hace olvidar o nos trae recuerdos superados ha consumido en una medida atómica la existencia a la que se sometía Tatiana mientras escuchaba música. No hay sueño dentro  del cual cubrirse, todo es real, la música se apaga, el cuerpo vuelve, nada es gaseoso, los pies están nuevamente en su sitio.  Un lágrima por una canción que la recorre y la desconecta de la realidad.
 
 
Oscar Vargas Duarte

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