Este miércoles me despierto tranquilo

Este miércoles me despierto tranquilo, algo dentro de mí se gesta, es talvez el recuperar un antiguo pliego de deseos que había perdido. La cama, cubierta de azul, como mar y como cielo, yo igual, no cambio de colores más que por dentro, talvez, desde lejos alguien solo pudiera ver una cabeza de cabello negro, los pequeños ojos en el rostro, por supuesto el rostro, y claro, los brazos emergiendo sobre las sábanas. Así estoy en la cama, tranquilo, suspirando en una hora temprana que estaba olvidando, ninguno de los ruidos matinales que me indican la posible hora de la mañana ha explotado en el ambiente.

La calle debe ser un río vagando fielmente a su cauce sin ser desesperado por las canoas o los pescadores, no se escucha a los carros romper el silencio, no hay aves cantando, o por lo menos aquí no se escuchan. Así, tranquilo viendo el techo blanco que cubre mi cuarto cuento el número de días a los cuales he sometido el cuerpo a la abstención, diez, es un número mágico hoy. Alguna vez creí que si no ingería alguna gota de licor podría empezar a alucinar por la necesidad que tuviera de él, sin embargo, no es de esta manera que ha ocurrido. Otras veces creía que eso no sería problema, solo la negación a beber y ya todo estaría resuelto. Como dicen los políticos, ni lo uno ni lo otro, más bien ninguna pero las dos al tiempo.

La ansiedad me ocurre cuando estoy solo en el cuarto y pienso en los momentos que acompaño ese espacio con unas latas de cerveza fría, igual cuando salgo de la oficina y estoy a punto de tomar ruta hacia la casa. Hay más momentos, por ahora solo he resentido estos con la ansiedad de la que hablo. He tomado agua, gaseosa, café y otros males menores. He logrado superar estos momentos sin incurrir en la visita a la nevera por las tres cervezas que llevan guardadas un día más que los días que cuento como abstemio.

El cuarto sigue siendo para mí, están la soledad y los objetos de siempre, un par de giros sobre la cama para reacomodar el cuerpo. Pienso en tí, se que vas a leerme y reirás un poco, sabes que escribo esto porque me siento un héroe, he acometido una guerra y voy triunfando en las primeras batallas. Vuelves a reírte, en el fondo te gusta mi vanidad necia.

No he visto arañas u otros animaes circundando mi piel, no he compartido más que con los fantasmas de siempre, no hay ataques de locura, claro, no se puede considerar la que se fatiga recurrente en mis ojos. No he sentido dolores o tenido ataques extremos. Ahí voy, queriendo ponerle un número más en la cuenta a mi abstención, claro que volveré a beber, pero espero no sea de la misma manera en la que lo venía haciendo.

La literatura no ha desaparecido, mis escritos no cambian su modo de surgir, mis inapropiadas maneras se conservan. Espero que la ebriedad se vaya sola y sigan conmigo estas ocurrencias que me son tan propias, habrá tiempo luego para cambiar algunos comportamientos, que ni absurdos ni santos, pero en fin, pueden no ser los más coherentes.

Sigo pensando en tí, la cama no se mueve, los carros ya aparecen con su mortal ruido para el silencio, ahuyentan la concentración, no quiero pensar ni tener ideas acerca de ellos.  Los escucho apenas. Pienso en poco en tí, mi mano bajo tu blusa, tu blusa sobre mi cama, mi cama contigo y cosas así. Quiero una historia nueva para contar, llegará en el momento oportuno, por ahora juego a soñar contigo.

Está bien contarte que sumo un diez en número de días sin cervezas ni otras aventuras alcohólicas. Sabes que me ocurre, traigo más sueño por estos días, me duermo con más prisa y me despierto más tarde. Hoy fue especial, volví a despertarme en la misma hora de otro tiempo, pero los otros días he dormido más.

Cuándo es que vienes a mi cama a dormirte, claro, luego de que hayamos copulado salivas, sudor y antojos. Me gusta esto último.

Oscar Vargas

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