El esfuerzo obliga a la cabeza y humedece el cuerpo, la trampa obligada para el agua antes de besar a la baldosa. Los ojos cerrados, las manos repitiendo los caminos en el cuello, brazos piernas. Los ojos cerrados, las manos en el cabello, jabón y otros menesteres en el cuerpo. Solo recuerda imágenes del día anterior, la noche es realmente oscura para su memoria.
Abre los ojos, busca la toalla. Algo pareciera sepultarlo, como un derrumbe que cae sobre el techo de la casa. Mira al piso, la sangre aún copula con el agua. Lo recuerda todo. Sabe ahora que sus manos son tan fuertes como la vida de alguien a quien pudo golpear.
Oscar Vargas