Bosteza y fecunda el ambiente con el aroma que deja para el día siguiente la ebriedad consentida en cervezas y vino

Bosteza y fecunda el ambiente con el aroma que deja para el día siguiente la ebriedad consentida en cervezas y vino. Está ahí postergando la ducha, observando al agua desprenderse en gotas sobre la baldosa en el baño. La sensación de pérdida es tan congruente como el ruido que surge de cualquier lugar sin que sea real, eso piensa y no persigue con el tacto del oído origen alguno.

El esfuerzo obliga a la cabeza y humedece el cuerpo, la trampa obligada para el agua antes de besar a la baldosa. Los ojos cerrados, las manos repitiendo los caminos en el cuello, brazos piernas. Los ojos cerrados, las manos en el cabello, jabón y otros menesteres en el cuerpo. Solo recuerda imágenes del día anterior, la noche es realmente oscura para su memoria.

Abre los ojos, busca la toalla. Algo pareciera sepultarlo, como un derrumbe que cae sobre el techo de la casa. Mira al piso, la sangre aún copula con el agua. Lo recuerda todo. Sabe ahora que sus manos son tan fuertes como la vida de alguien a quien pudo golpear.

Oscar Vargas

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